Azur – ã – (reseñas: Netlabels Revue, Develvet)

Le netlabel argentin Amor loco (on dirait le titre d’un film d’Almodovar) propose le projet Azur avec un album fort intéressant dans lequel dominent des boucles, des samples de toutes sortes dans un maelström sonore et musical assez saisissant et souvent abstrait. A fois folk, post-rock, expérimentaux et psychédéliques, les titres proposés valent vraiment le détour car, globalement, le groupe fait preuve d’une diversité et d’une originalité certaine tout au long de l’album.

Netlabels Revue

El quinto disco de Azur, forma de a pedazos, una estética propia de organización.
Créase o no, parece como si todos los temas que hay en esta obra hubiera sido tocados por horas, días incluso y estén grabados estos pocos minutos que son los que inevitablemente representan toda la energía que se desliza en esta familia que de a poco te mete en su universo. La estética piramidal ahora tiene un formato ya preestablecido en donde cada uno de los instrumentos aportan una amalgama de texturas que van apareciendo, vibrando en una corriente que no llega a estallar, sino más bien, se mantiene constante y directa.
Aunque no en vano se asocia el nombre del cuarteto con la nueva telaraña Folk que existe en nuestro país: “Mogami ” es una reliquia que aparece en lugares que están más relacionados con pendientes externas que con planicies. Flotan pequeños cordófonos que se van entremezclando hasta llegar en sus arpegios a un bello prado en donde uno entiende que Vashti   Bunyan, joven, colorida y porqué no argentina, puede aparecen en cualquier momento. Y se dejan apenas espacio para que una maraña de melodía, juguetee como arañas trepando una cálida luz solar en la simpleza rural de “Flauta y Charango”.
Pero no solo de las delicias de lo acústico se sirve este gran disco, sino también hay mucho de ambient ruidoso que ya tiene inevitablemente el sello de la gran fábrica litoraleña: “El caracol decide partir”. Esta rebosante nube enérgica, avanza impenetrable como espesa, respirando tranquila con cada paso, con cada pulsación. Un molusco que suda y cada palabra que sale de sus ojos se esfuma.
Se rescata principalmente la labor de los teclados que van dando ritmo y melodía a todos y cada uno de los temas, de manera extremadamente cómoda. En “Molino de agua”, una especie de ranchera apacible, mezclada con chamamé, las teclas mandan los cambios en lo que se parece a una partitura infinita.
”” es el desempeño floral de un conjunto que va trabajando seguro paso tras paso que da. Una ligera vegetación que envuelve también. La brisa acaricia mi rostro rojo y maltratado. Es el momento de un baño en ligeras aguas. Es momento de bajar por el camino empedrado.

Develvet

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